Un evento ocurrido en el sudeste asiático hace cinco años alertó al mundo sobre cuán masivas pueden ser las emisiones de gases de efecto invernadero y de partículas tóxicas cuando las turberas son degradadas. Los catastróficos incendios de turberas de Indonesia en 2015 destruyeron enormes extensiones de turba, causando una humareda tóxica que alcanzó a varios países y ocasionó deterioros en la salud al menos 75 millones de personas.